Libros

Las erratas ganarán la batalla.

Resistentes y fascinantes, ellas y poco más, permanecen.

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La errata es una “viciosa flora microbiana, reacia a todos los tratamientos de desinfección”, según Alfonso Reyes. En efecto, se esconde igual que los microbios, resiste todo remedio, muta. José Emilio Pacheco contaba, entre fascinado y frustrado, que cuando en 1987 escribió un artículo quejándose de ella, dijo: “La errata es el demonio de la lengua”, pero alguien en la mesa de corrección de la revista Proceso cambió una letra, de modo que se publicó: “La errata es el dominio de la lengua” (lo anota Roberto Zavala Ruiz en El libro y sus orillas, FCE).

El tema me encanta. Lectora obsesiva y con años de trabajo en la industria editorial, estoy a la caza de esos bichos que alteran el sentido de un texto. Por eso es natural que me haga reír este libro de Carlos López, Sólo la errata permanece (Editorial Praxis), compendio de resbalones verbales. Aquí, un ejemplo divertidísimo y patetiquísimo: cuenta José Ferrándiz Lozano que un…

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