Entrevista, Libros, Lo que siento

Día del lector.

Desde el año 2012, según ley sancionada y promulgada ese año, en conmemoración del natalicio de Jorge Luis Borges se celebra en la Argentina el Día del Lector. Encuentro, oportunamente, una de sus frases certeras en el Blog Ecléctico de Antolo Mágico:

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación”. Jorge Luis Borges

La deliciosa prosa de Silvia Hopenhayn anunciaba el primer festejo y proponía los mejores homenajes

“Es el mejor día que le pueden haber asignado: el del lector. A partir de este año, el 24 de agosto, en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, se festejará el día del lector. No estaría mal promover para esa fecha, como se hace por ejemplo en ocasiones ligadas a protestas de medio ambiente, algún gesto de rebeldía de agenda, como retrasar los relojes, no encender el televisor, desoír el pronóstico del tiempo, naufragar en Internet, faltar a las citas y dedicarse todo el día a leer (…)

Para el día del lector, entonces, la propuesta es elegir -al mejor estilo dadaísta- el libro que se les pegue al dedo índice en un recorrido causal por una biblioteca propia, pública, prestada o, simplemente, en una librería. Y leerlo hasta la última página, que no significa las últimas consecuencias (éstas decantan sin que nos demos cuenta, en el alma y con el tiempo).

Pero las revelaciones literarias no siempre están del lado de las novedades editoriales. Anticipándose a los exabruptos del presente, Borges, en su polémico y breve ensayo de 1932 “La supersticiosa ética del lector”, de su libro Discusión, no quiere “fomentar negligencias” ni creer “en una mística virtud de la frase torpe y el epíteto chabacano”.

A veces ocurre al revés: los clásicos relevan al presente. En sus páginas eternas, misteriosas, persiste un aliento nuevo que incide de distinta manera, según las épocas. Borges lo dijo sin tapujos: “Todo lo que yo he escrito está en Poe”. Y en su poema “El lector”, acentúa la modestia: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”.

Propongo, en el día del lector, convertir a Borges en el leído. Que nuestro orgullo sea leerlo, y a pesar de su afán de confundirnos o distraernos, llegar a comprenderlo. Desafiar así a su narrador de “La biblioteca de Babel”, cuando nos increpa: “Tú, que me lees, ¿estás seguro de comprender mi lenguaje?”.

Quizá no importe tanto; la lectura es un viaje sentimental.”

En sus palabras, en imágenes que aún nos quedan; como permanecen los recuerdos:

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