Fotografia, Libros

Cien años, una friolera.

Más allá de lo escrito, de lo que recogen las biografías, en el día de tu nacimiento – cien años, Julio Cortázar, los hubieses desafiado y hubieses llegado, enorme, a ellos –  hablan tus relatos. Tu pluma te perfila. Nosotros, apenas lectores, te intuímos:

Elecciones Insólitas.

No está convencido.
No está para nada convencido.
Le han dado a entender que puede elegir entre una banana, un tratado de Gabriel Marcel, tres pares de calcetines de nilón, una cafetera garantizada, una rubia de costumbres elásticas, o la jubilación antes de la edad reglamentaria, pero sin embargo no está convencido.
Su reticencia provoca el inmsonio de algunos funcionarios y de la policía local.
Como no está convencido, han empezado a pensar si no habría que tomar medidas para expulsarlo del país.
Se lo han dado a entender, sin violencia, amablemente.
Entonces ha dicho: “En ese caso, elijo la banana”.
Desconfían de él, es natural.
Hubiera sido mucho más tranquilizador que eligiese la cafetera, o por lo menos la rubia.
No deja de ser extraño que haya preferido la banana.

Se tiene la intención de estudiar nuevamente el caso.

La otra mirada, Julio Cortázar

 

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Fotografía de Sara Facio.

El cuento en tu voz afrancesada no deja de sonar con la tonada del país, amado Julio:

 

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Entrevista, Libros, Lo que siento

Día del lector.

Desde el año 2012, según ley sancionada y promulgada ese año, en conmemoración del natalicio de Jorge Luis Borges se celebra en la Argentina el Día del Lector. Encuentro, oportunamente, una de sus frases certeras en el Blog Ecléctico de Antolo Mágico:

“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación”. Jorge Luis Borges

La deliciosa prosa de Silvia Hopenhayn anunciaba el primer festejo y proponía los mejores homenajes

“Es el mejor día que le pueden haber asignado: el del lector. A partir de este año, el 24 de agosto, en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, se festejará el día del lector. No estaría mal promover para esa fecha, como se hace por ejemplo en ocasiones ligadas a protestas de medio ambiente, algún gesto de rebeldía de agenda, como retrasar los relojes, no encender el televisor, desoír el pronóstico del tiempo, naufragar en Internet, faltar a las citas y dedicarse todo el día a leer (…)

Para el día del lector, entonces, la propuesta es elegir -al mejor estilo dadaísta- el libro que se les pegue al dedo índice en un recorrido causal por una biblioteca propia, pública, prestada o, simplemente, en una librería. Y leerlo hasta la última página, que no significa las últimas consecuencias (éstas decantan sin que nos demos cuenta, en el alma y con el tiempo).

Pero las revelaciones literarias no siempre están del lado de las novedades editoriales. Anticipándose a los exabruptos del presente, Borges, en su polémico y breve ensayo de 1932 “La supersticiosa ética del lector”, de su libro Discusión, no quiere “fomentar negligencias” ni creer “en una mística virtud de la frase torpe y el epíteto chabacano”.

A veces ocurre al revés: los clásicos relevan al presente. En sus páginas eternas, misteriosas, persiste un aliento nuevo que incide de distinta manera, según las épocas. Borges lo dijo sin tapujos: “Todo lo que yo he escrito está en Poe”. Y en su poema “El lector”, acentúa la modestia: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”.

Propongo, en el día del lector, convertir a Borges en el leído. Que nuestro orgullo sea leerlo, y a pesar de su afán de confundirnos o distraernos, llegar a comprenderlo. Desafiar así a su narrador de “La biblioteca de Babel”, cuando nos increpa: “Tú, que me lees, ¿estás seguro de comprender mi lenguaje?”.

Quizá no importe tanto; la lectura es un viaje sentimental.”

En sus palabras, en imágenes que aún nos quedan; como permanecen los recuerdos:

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Dibujos, Libros

Bepo y Casiopea, grandes maestros

“Mientras más lento, más aprisa.”

Boreal

Bepo y Casiopea

En Momo de Michael Ende, hay grandes lecciones para deslizarnos en armonía sobre lo cotidiano, la niña Momo escuchadora extrema, nos revela la magia de la empatía. Bepo barriendo baldosa por baldosa, y sin pensar en el final de la calle, tan solo disfrutando del instante, del paso a paso, nos muestra el encanto de hacer el camino. Y la misteriosa tortuga Casiopea que era muy lenta, pero tenía una habilidad muy especial, conocía los 30 minutos del futuro inmediato, por eso sabía que mientras más lento, más aprisa.

Momo es el libro que me llevaría a una isla desierta.

Augusto Metztli.

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Libros

Memorias amnésicas.

gabriela acher autorretrato

En su trazo. Autorretrato.

Gabriela Acher nació. Comediante  sagaz, actriz todoterreno, humorista de fuste, caricaturista de la realidad y escritora; ella misma cuenta parte de su biografía en “La guerra de los sexos está por acabar… con todos”:

Autobiografía apócrifa.

Yo nací en el Uruguay, porque en ese momento quería estar al lado de mi madre.
Corría el año… (el año no lo pienso decir ni bajo tortura, así que confórmense con saber que nací).
Desde chiquitita fui una niña muy despierta.
No dormía, ni dejaba dormir a nadie. Y en eso colaboraba mucho mi hermanita mayor, que me incendiaba la cunita noche por medio.
Mis padres no eran pudientes pero a mí no me privaron de nada.
Yo tuve todos los complejos que quise.
Pero mi llegada trajo alegría al hogar. Al verme la cara, toda la familia lanzó una carcajada.
Desde ese momento tomé conciencia de que mi destino era hacer reír.
Fui una niña prodigio desde chiquita.
Me gustaba cantar y hacer imitaciones. (…)
En la escuela fui una alumna aventajada.
Aventajada por las demás.
Por aquel entonces, en el Uruguay, la televisión todavía no existía, así que mi hermanita y yo mirábamos la radio. (…)
Por aquel entonces el sexo tampoco existía.
Todos nacíamos de repollos o nos traían cigüeñas de París.
La versión más revolucionaria era la de la semillita plantada vaya a saber dónde.
Para mi desgracia, las hermanas mayores ya existían y yo tenía una, así que me pareció la persona más indicada para informarme acerca de cómo había sido mi nacimiento.
Me dijo que no sabía, porque yo era adoptada.
Así crecí, sanita de la cabeza, con una sólida formación acerca de mis orígenes animales, vegetales o desconocidos.
Para la hora de mi primera menstruación, el evento me tomó tan de sorpresa que creí que había llegado el momento del juicio final. Pensé: “Esto debe ser la muerte” (y le pegué en el palo).
Por suerte, mi santa madre me dio una exhaustiva explicación que disipó todas mis dudas.
Me dijo: “Ya sos señorita”.
La palabra señorita – dicha con una connotación tan seria y asociada con la sangre – me dio una casi certeza de que estaba ante una “enfermedad incurable” (…)
Me sentía tan incomprendida y desesperada de la vida, que recurrí a mi hermana en busca de ayuda.
Pensé que era la persona indicada para aconsejarme porque en ese momento estudiaba filosofía.
Sostuvimos largas charlas en las que ella me demostraba que yo no existía.
Comprendí que estaba sola en el mundo. Que mi único contacto con la realidad era la fantasía. ¡Las horas que pasaba en el cine de barrio gozando con el sufrimiento ajeno!
Lentamente me fui perdiendo la poca confianza que nunca me había tenido. ¿Pero, por qué tenía que ser todo tan difícil? – me preguntaba-. ¿Justo a mí me tenía que tocar ser como soy?
Fue en ese entonces que el Arte llamó a mi puerta.
¡Le abrió mi hermana y le dijo que yo no estaba!
¡Pero será posible!… Sentí que tenía tanta mala suerte que el día que fuera famosa… ¡no se iba a enterar nadie!
¡Ahí mismo decidí cambiar!
Si Mahoma no va para allá… ¡que venga para acá! – pensé -.
Tendré una nueva vida, … trabajaré,… seré independiente.
Resolví que ya era hora y, aunque estaba muerta de miedo… ¡me fui de mi casa!
A los quince días … cuando mis padres notaron mi ausencia… la casa se convirtió en un quilombo (… )
Finalmente, mi hermana se hizo cargo de la situación y calmó los ánimos con una propuesta que tranquilizó a toda la familia.
¡Cambiaron la cerradura!.

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Fotografia, Libros

El aprendiz de brujo (134): leer orienta, releer define. Libros y besos

Lecciones breves para obtener la patente de aprendiz. La conclusión se refuerza con la imagen.

Fragments de vida

verte-leyendo“Dime lo que lees y te diré quién eres”, es cierto, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees”

(François Mauriac)

lectura-compartida

“Cuando la belleza de los libros va acompañada de los besos
o cuando la belleza de los besos va acompañada de los libros”

Fotografías de Josep Aguilella

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