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Eden no es el Paraíso by Verónica Boletta

Fantasmas del horror y del ayer:

masticadores/Sur

Introdujo su mano en el bolsillo interior del saco. Sus dedos sabían qué buscaba. El dr. Abramovich, desde la butaca contigua, meneó la cabeza y le preguntó con voz apenas audible:

—¿Otro más? Apenas pasaron cinco minutos.

Fischer encendió el cigarrillo pese a la crítica . No valía la pena responder. Ya vería si el aire de las sierras era saludable como decían. No habría mayor prueba que poner a punto sus pulmones.

Movió los labios en dirección a Abramovich sin emitir sonido. El otro asintió como si el mensaje hubiese llegado. Cualquier intento de diálogo era imposible. El ruido en la cabina lo impedía. El pequeño avión temblaba en el cielo.

Rotenberg agitó sus manos en el aire como quien corre una cortina.

No se dio por aludido. Fumar era su última contención, una vía de escape. Si a duras penas había soportado el viaje en avión desde Buenos…

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Instilados de humor. Grageas de optimismo.

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