En Humor Arte

Batido de emociones. Compilado de versos, textos, imágenes y canciones.

Memorias amnésicas.

gabriela acher autorretrato

En su trazo. Autorretrato.

Gabriela Acher nació. Comediante  sagaz, actriz todoterreno, humorista de fuste, caricaturista de la realidad y escritora; ella misma cuenta parte de su biografía en “La guerra de los sexos está por acabar… con todos”:

Autobiografía apócrifa.

Yo nací en el Uruguay, porque en ese momento quería estar al lado de mi madre.
Corría el año… (el año no lo pienso decir ni bajo tortura, así que confórmense con saber que nací).
Desde chiquitita fui una niña muy despierta.
No dormía, ni dejaba dormir a nadie. Y en eso colaboraba mucho mi hermanita mayor, que me incendiaba la cunita noche por medio.
Mis padres no eran pudientes pero a mí no me privaron de nada.
Yo tuve todos los complejos que quise.
Pero mi llegada trajo alegría al hogar. Al verme la cara, toda la familia lanzó una carcajada.
Desde ese momento tomé conciencia de que mi destino era hacer reír.
Fui una niña prodigio desde chiquita.
Me gustaba cantar y hacer imitaciones. (…)
En la escuela fui una alumna aventajada.
Aventajada por las demás.
Por aquel entonces, en el Uruguay, la televisión todavía no existía, así que mi hermanita y yo mirábamos la radio. (…)
Por aquel entonces el sexo tampoco existía.
Todos nacíamos de repollos o nos traían cigüeñas de París.
La versión más revolucionaria era la de la semillita plantada vaya a saber dónde.
Para mi desgracia, las hermanas mayores ya existían y yo tenía una, así que me pareció la persona más indicada para informarme acerca de cómo había sido mi nacimiento.
Me dijo que no sabía, porque yo era adoptada.
Así crecí, sanita de la cabeza, con una sólida formación acerca de mis orígenes animales, vegetales o desconocidos.
Para la hora de mi primera menstruación, el evento me tomó tan de sorpresa que creí que había llegado el momento del juicio final. Pensé: “Esto debe ser la muerte” (y le pegué en el palo).
Por suerte, mi santa madre me dio una exhaustiva explicación que disipó todas mis dudas.
Me dijo: “Ya sos señorita”.
La palabra señorita – dicha con una connotación tan seria y asociada con la sangre – me dio una casi certeza de que estaba ante una “enfermedad incurable” (…)
Me sentía tan incomprendida y desesperada de la vida, que recurrí a mi hermana en busca de ayuda.
Pensé que era la persona indicada para aconsejarme porque en ese momento estudiaba filosofía.
Sostuvimos largas charlas en las que ella me demostraba que yo no existía.
Comprendí que estaba sola en el mundo. Que mi único contacto con la realidad era la fantasía. ¡Las horas que pasaba en el cine de barrio gozando con el sufrimiento ajeno!
Lentamente me fui perdiendo la poca confianza que nunca me había tenido. ¿Pero, por qué tenía que ser todo tan difícil? – me preguntaba-. ¿Justo a mí me tenía que tocar ser como soy?
Fue en ese entonces que el Arte llamó a mi puerta.
¡Le abrió mi hermana y le dijo que yo no estaba!
¡Pero será posible!… Sentí que tenía tanta mala suerte que el día que fuera famosa… ¡no se iba a enterar nadie!
¡Ahí mismo decidí cambiar!
Si Mahoma no va para allá… ¡que venga para acá! – pensé -.
Tendré una nueva vida, … trabajaré,… seré independiente.
Resolví que ya era hora y, aunque estaba muerta de miedo… ¡me fui de mi casa!
A los quince días … cuando mis padres notaron mi ausencia… la casa se convirtió en un quilombo (… )
Finalmente, mi hermana se hizo cargo de la situación y calmó los ánimos con una propuesta que tranquilizó a toda la familia.
¡Cambiaron la cerradura!.

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9 Respuestas a “Memorias amnésicas.

  1. tinteroypincel 20/08/2014 en 11:49

    Dura es la vida de las grandes “iluminadas” sobre todo si tienen hermanas mayores…, pero hay que reconocer que si no mueren en el proceso…, salen mucho mas fuertes y seguras…, así que adelante muchacha. Un abrazo.

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    • Veronica 20/08/2014 en 16:13

      Así es. La vida interpone pruebas previas a la “brillantez”. Afrontarlas con estoicismo y con una sonrisa, dota a esas privilegiadas (Todas, niña. Todas somos especiales) de un aura potente. Besos.

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  2. danioska 20/08/2014 en 13:56

    Qué diversión, Verónica, me has puesto de buenas por el día. No tengo el gusto de conocer a Gabriela Acher pero veo que podría ser de mis personas favoritas en la vida… Gracias por “presentármela”.
    Abrazo que se carcajea

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    • Veronica 20/08/2014 en 15:30

      🙂 Busqué en la caramelera de risas y recordé a una de mis favoritas. Por otra parte, es amiga de Maitena. ¿Ya vas estableciendo vínculos, verdad? Es para que te sientas en casa cuando vengas por Argentina, lugar que doña Gabriela adoptó como hogar.
      Circulan algunos fragmentos de sus unipersonales (basados en sus libros) filmados en calidad dudosa pero no puedo resistir la tentación http://youtu.be/_FuWQ2KoFxA
      Abrazo risueño.

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  3. etarrago 20/08/2014 en 14:54

    Hoy, Verónica, me quedo con lo de cambiar la cerradura, (es una solución para un desenlace a la desesperada), y, como no, con esa frase … “La guerra de los sexos está por acabar… con todos”:

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  4. Enrique Boeneker 21/08/2014 en 00:17

    Hola,
    Esto es un gran ejemplo de que el humor no es un género menor, muy al contrario. Nos urge más sentido del humor. Es la única salida que nos queda para ser mejores.
    ¡Saludos!

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Instilados de humor. Grageas de optimismo.

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