En Humor Arte

Batido de emociones. Compilado de versos, textos, imágenes y canciones.

Disquisiciones filosóficas y otros tormentos.

A modo de bienvenida a la Facultad de Ciencias Económicas, en las primeras clases y cualquiera fuera la materia a cursar, los profesores indicaban y remarcaban que, en esos claustros se estudiaba al hombre en su faz económica. Admitían sí la existencia de otras esferas. Pero deslindaban responsabilidades. La obligación de estudiar, comprender y cuidar las otras facetas corría por nuestra cuenta y riesgo. Si en el camino te olvidabas de eso, y lo vi a menudo, te transformabas (¿? para mí que siempre fuiste pero el esfuerzo te desnudaba) en un frío y calculador ser o, un pequeño burgués.

Se exponían, por entonces, los primeros conflictos.  Económicamente justificados, claro. EL dilema económico surge cuando hay medios escasos para aplicar, o concretar, fines alternativos. Así que, si tenemos algo en abundancia como el aire, no hay dilema y, por consiguiente (puro y lógico razonamiento económico) no hay precio ni conflicto (¡Ay esas simplificaciones!). Por el contrario, a mayor disputa de fines, mayor precio.  Y esa, mis amigos, es una de las tantas explicaciones acerca de cómo se fijan. (Otra, entre varias: precio es el monto que está dispuesto a pagar el mercado). Ahora bien, y aquí vamos llegando a lo que importa, al meollo de la cuestión, no es lo mismo precio que valor. El valor que le atribuimos a las cosas, momentos, intangibles, y más genéricamente a algo – un x cualquiera –  estará dado por su precio y también por el precio de todo lo  que dejamos de lado al ejercer la opción. Aquí me pongo autobiográfica para ejemplificar. Siempre quise tener un piano. Años atrás sostenía que antes que un auto me compraría un piano. Pues bien, cuatro autos después – cuatro por los sucesivos cambios, aclaro. No tengo una flota – el valor de mi piano será:

Precio Piano + Precio Auto + …  Precio de otros bienes adquiridos en lugar del piano = Valor Piano

Por eso, algunas cosas no tienen precio y para otras existen los medios de pago, incluso las tarjetas.

Mano Única – Daniel Paz

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2 Respuestas a “Disquisiciones filosóficas y otros tormentos.

  1. Iris 11/02/2014 en 18:16

    Interesante. Yo estudié economía en la secundaria, pero olvidé todo. La explicación me resulta familiar porque se parece a la diferencia entre valor de cambio y valor de uso que hace Marx (al que he leído un poquito, algún día me haré tiempo y leeré El Capital con todos sus tomos 🙂 , por ahora sólo los libros chiquitos).
    Eso sí, habiendo leído hace menos tiempo sobre termodinámica, traigo malas y confirmatorias noticias: según la 2ª ley de la termodinámica la entropía de un sistema aislado (como el universo) no disminuye nunca. Otra forma de decir que el tiempo no vuelve atrás.

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    • Veronica 13/02/2014 en 07:03

      “El tiempo no para” canta la Bersuit. Me cache, hay varias pistas que indican que el tiempo viaja en un único sentido. De todos modos, no pierdo las esperanzas.

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Instilados de humor. Grageas de optimismo.

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