En Humor Arte

Batido de emociones. Compilado de versos, textos, imágenes y canciones.

Ricitos de oro: cuento y efecto.

Con apenas dos años ejercí la tiranía. Fui una pequeña déspota empeñada en escuchar, noche tras noche y en la voz de papá, mi cuento favorito: Ricitos de Oro. No toleraba, la pequeña emperatriz, un resumen que acortase el relato. La lectura debía ser textual. So pena de señalar con dedito acusador el párrafo escamoteado.

Pasado el tiempo, ya adulta, descubro en El Teorema del patito feo de Luis Javier Plata Rosas que el gusto de Ricitos de Oro por “el medio” – siempre equidistante de los extremos – tiene rango de efecto estudiado por diversas ramas de la ciencia.

Curiosa como es, Ricitos de Oro, en su búsqueda del justo medio, ha entrado sin permiso al laboratorio de más de un científico. En psicología, se ha descubierto que muy poco o ningún estrés es tan malo para nuestra salud mental como tener mucho, pues a semejanza de un músculo, cuando nuestra mente no está acostumbrada a manejar un nivel moderado de tensión, la ocurrencia de experiencias negativas puede dañarnos de manera severa.Por ejemplo, provocarnos una depresión desproporcionada al acontecimiento (¿nuestro pez se murió y ya llevamos un mes llorando su desaparición?). Una economía Ricitos de Oro es aquella que no es ni tan “caliente” para causar inflación, ni tan fría para provocar una “recesión”. Cuando en la sinapsis de las neuronas hay demasiada dopamina (un neurotransmisor, una molécula que permite la comunicación entre neuronas), nos encontraremos frente a un paciente con psicosis pero, si tiene muy poca, padecerá reacciones extrapiramidales (entre las que se incluye el movimiento involuntario de piernas, gesticulaciones, tortícolis y apneas) y síntomas semejantes al Parkinson. (…) La lista sigue, pero no conviene hacerla ni tan breve ni tan larga …

Es en la Astronomía donde Ricitos de Oro, definida ahora como zona, ha echado raíces más profundas. Se denomina así, a las zonas estelares  propicias para la vida. La Tierra es un planeta Ricitos de Oro (sí, ¡vaya verdad de Perogrullo!). Lo que los científicos intentan detectar son aquellos planetas habitables o; dicho en otras (y redundantes) palabras, planetas Ricitos de Oro. También la NASA anda tras ello:

La Zona Ricitos de Oro parecía sólo una pequeña región del espacio. Ni siquiera incluía totalmente a la Tierra. Toda la vida conocida en esos días estaba confinada dentro de ciertos límites: no más fríos que la Antártida (los pingüinos), no más calientes que el agua hirviente (los lagartos del desierto), no más altas que las nubes (las águilas), no más profundas que unas pocas minas (los microbios de las minas profundas). En los últimos 30 años, sin embargo, nuestro conocimiento de la vida en ambientes extremos se ha extendido de forma explosiva. Los científicos han encontrado microbios en reactores nucleares, microbios que aman al ácido, microbios que nadan en agua hirviente. Se han descubiertos ecosistemas completos alrededor de las ventilas del océano profundo, adonde nunca llega la luz solar, y el agua que surge de las ventilas es lo suficientemente caliente como para derretir el plomo. La Zona Ricitos de Oro es más extensa que lo que pensábamos.

Por lo pronto, esta tierrita vapuleada es lo que tenemos. Enséñanos Bette algunos trucos para cuidarla:

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Una respuesta a “Ricitos de oro: cuento y efecto.

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Instilados de humor. Grageas de optimismo.

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