En Humor Arte

Batido de emociones. Compilado de versos, textos, imágenes y canciones.

Siesta. Un amor apasionado.

Por una de esas asociaciones libres, o remezclado de temas, actividad también conocida como  mashup  – más modernoso, ¿no? y también uno de mis deportes favoritos – desperté de una siesta pensando en ella. Mi culto fervoroso es honrarla como una festividad religiosa. ¡La duermo siempre que puedo!

Hubo épocas, allá por mi niñez en Santiago,  en que dormir era una forma de subsistencia. Un modo de adaptación al calor provisto por Inti. No todos lo aceptan de ese modo. Hay una visión “culta” que califica este deleite de “vicio”. Bien la analiza Don Arturo en su Manual de Zonceras Argentinas:

… ¡Oh, necesaria, deliciosa y detractada siesta! Sabios horarios de provincia, que cierran las puertas de los comercios y los talleres; que nos zambullen en un agua de silencio rayado de chicharras, entornando también la puerta del día hasta que llega la tarde, dulce y fresca como sandía recién sacada del pozo, con una boca gruesa y jugosa, abierta en carcajada.

De vez en cuando cae por provincias un “profesor de energía”. De esos que han leído a Spencer y a Orison Sweet Marden, y desde luego a Agustín Álvarez, los editoriales de los grandes diarios, las opiniones de los normalistas y el “Reader Digest”, y nos abruman con que “time es money”, y que nada se debe dejar para mañana.

Yo los he visto llegar a los países de la siesta, pontificar sobre la molicie de las costumbres y la haraganería criolla, que la siesta simboliza, hasta que la siesta misma, como un hada amable y persuasiva, y un poco maliciosa, los ha ido paulatinamente conduciendo por los caminos del sentido común. Y he visto también rechazarla porfiadamente, hasta el final inevitable, que va resbalando de los vasos de whisky y las botellas de cerveza de las confiterías y los clubs, a la caña de los mostradores de boliche y la botella de los bebedores solitarios.

Y no es un descubrimiento mío, pues pertenece a la mejor literatura imperial, nada menos que a Rudyard Kipling: “Ahora bien, la India es un sitio más lejano que los otros, donde uno no debe tomar las cosas demasiado en serio, excepto siempre el sol de mediodía. El mucho trabajo y el exceso de energía matan a un hombre tan seguramente como el reunir muchos vicios”. (Rudyard Kipling, Cuentos de las colinas). El cuento es el de un alumno modelo de Sandhurts, que graduado va a servir en las fronteras de la India, y que como modelo no se allana a las exigencias del clima. Y lo paga.

La India no es Catamarca, ni Santiago del Estero, pero vale la moraleja. Sólo que nuestros “cultos” lo entienden a Kipling, a quien desde luego han leído, pero sólo para la India, y no para lo nuestro. En esto como en todo…

Pero allá, lejos, en la infancia y en el pago, no siempre la dormía. La siesta no era un horario. Era territorio de coyuyos y duendes que invitaban a la travesura. Ya lo dijo Teresa Parodi:

El coyuyo muda de vestimenta. Foto de Marcelo DP - Don Segundosombra fotos

El coyuyo muda de vestimenta. Foto de Marcelo DP – Don Segundosombra fotos

No se me escape esta siesta
Decía mi madre, cuidado

Que ahí anda un duende chiquito

Trepado por los naranjos
El pueblo tenía murmullos
De grillos, ramas y pájaros
Nunca pude resistirme
Al sortilegio de andarlo
A esa hora exactamente

El corazón apurado
Los pies ligeros descalzos
Buscando urgentes las sombras
De los oblicuos tejados

Modelo Terminado: el coyuyo al finalizar su muda. Foto de Marcelo DP - Don Segundosombra fotos

Modelo Terminado: el coyuyo al finalizar su muda. Foto de Marcelo DP – Don Segundosombra fotos

Y en esta rueda que gira como una calesita alocada, Gerardo rescata un post de Mendieta“La relación de uno con la siesta es ambigua, cambiante, con sus idas y vueltas. El recuerdo más lejano es casi siempre traumático: “es la hora de la siesta, andá a dormir”, dicen las madres o los padres. ¿Quién tiene ganas de dormir a los cuatro o cinco años?”

La música también se ocupa de este tema.  Clásicamente Debussy se ocupa de un fauno:

En tanto, estos muchachitos, Miles y Marcus hacen sensualmente lo que saben y musicalizan un pasaje del film Siesta:

Anuncios

Instilados de humor. Grageas de optimismo.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: